22.06.2018
Cipri Pernas Coach
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Es tan fácil sentirse privilegiado. A pesar de la cantidad de situaciones negativas a las que nos vemos sometidos, siempre y digo siempre aparece un resquicio por el que escapar a la inmundicia. De no hacerlo así, nuestra vida resultaría más corta que la de una mosca. Que digo corta, un suspiro más cercano al ahogo que a la capacidad de tomar aire, respirar y pasar al asunto siguiente. Sol, calor, cielo y mar azul son analgésicos que funcionan más allá de las creencias que expresamos sobre cualquier forma de oportunidad que permita reponernos ante una mala experiencia. No se trata de vender humo. Hasta la semana pasada aprovechaba cualquier refugio o subterfugio para sacar partido a un rincón de pensar en el que poder escribir sobre esto o aquello. Hoy he cambiado de registro. Estoy bajo el sol plomizo del emergente verano, acompañado de la luz natural, un fondo musical empoderante y una refrescante copa de vino del Penedés. Supongo que podría pedir mucho más y que tú también podrías proponer algunas opciones para sumar el mejor escenario. Lo sabemos los dos, yo desde la escritura y tú desde la capacidad de cooperar leyendo este artículo. El siguiente paso es tomar acción. Entender de qué manera puedes sobreponerte a lo que te preocupa para empezar a hacer algo distinto. Por ejemplo, ocuparte de ello con alguna actuación rompedora, distinta a lo que se espera de ti, despojada de previsiones y atenta a los resultados que sin duda serán distintos a esos que de manera reiterada pones en práctica sabiendo a priori que serán un fiasco. Por muchas veces que esto sea así me niego a aceptar mi propio no como respuesta. Es cierto que todos llevamos encima algún tipo de mochila que en ciertos momentos nos limita. No obstante, para aprender a llevarla con dignidad hay que albergar el deseo de soltar algo del lastre que contiene. Mirar dentro, meter la mano y sacar al azar eso que no mola nada. Puede ser una situación, una persona, un proyecto. Cualquier cosa sobre la que merece la pena poner una buena dosis de objetividad que responda a la pregunta clave de si vale o no la pena seguir arrastrándola. Puedes negarlo un millón de veces. Cuando encuentres ese momento de desapego sobre el asunto vas a poder tomar la decisión. Si, primero el encuentro con tu conciencia y después la afirmación para hacer lo que aporta una solución efectiva. Tal vez radical o simplemente objetiva. Las dos resuelven, que es de lo que al final se trata. Observo que a pesar de lo mal que llevo esto del calor, dejar que la energía del sol haga su trabajo funciona. Sometido al imperio del frío las cosas se ven de manera muy distinta. Todo se contrae, incluso mi capacidad para mirar al horizonte y verlo como si mis ojos fueran un gran angular. La copa de vino se agota. Es el momento de ponerme en pie para buscar un poco más de este zumo de los dioses que las viñas de mi tierra aportan en este momento de lucidez especial para encontrar nuevas soluciones a antiguas cicatrices que ahora si, ya están en disposición de desaparecer. Las cosas no terminan con un punto final. Lo hacen con una frase que atesore los ingredientes necesarios para que el resultado que se produzca sea el que necesitamos. Despegados de él mientras asumimos que nuestro camino continúa solo con los pasos que nosotros estamos en disposición de dar. El resto… ya se apañará. 
15.06.2018
Cipri Pernas Coach
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Cuando te pones al lado de alguien sin más motivo que el de acompañarle en el camino, descubres cosas maravillosas. Entre ellas, experimentar lo importante que resulta estar sin distancias, ni lejos, ni cerca, aplicando la discreción de aquel que no quiere influir. Que no utiliza lo que piensa o sabe para nadie, que tan solo pone al servicio del otro su propia ignorancia, que se asocia con el milagro de aprender de lo que ve, que combina los avances de aquellos a los que da soporte con las lecturas que traduce para sí mismo, que aprecia y se siente apreciado por el simple hecho de estar ahí. Ser un espectador privilegiado de primera fila con oportunidades para bajar a la arena de los desaciertos y los triunfos de los valientes. De esos que deciden jugársela siendo primeros actores, cámaras, asistentes y directores de las escenas que componen sus 24 horas al día. Necesitaron sufrir, vaciarse, padecer alguna forma de locura y los dolorosos pinchazos que provocan los interminables porqués. Preguntas sin respuesta formuladas en algún momento poco adecuado. Pasos dirigidos contra corriente sin mesurar la fuerza y el riesgo de decisiones que terminan por arrastrar en la dirección que nunca habrías escogido. Escuchar mil razones para dar pasos sin retorno, sin haber comprendido antes que siempre hay más motivos para darlos en la dirección contraria a la muerte. Si, son necesarias las experiencias vestidas así para ejercer tu derecho a sostenerlas. Mientras el temporal destruye lo destruido mereces darte el derecho al dolor buscando en cualquier dirección ese resquicio por el que ansías que la luz vuelva a abrirse paso, para funcionar de nuevo, para iluminarlo todo dándote una nueva oportunidad. Puede no ser la solución que ahora estás pensando pero es la mejor para levantarse tras la tormenta. Es la manera de comenzar, siempre desde el principio. En ese momento, empieza la reconstrucción de lo posible y la creación de lo imposible. Los gritos de odio, las muestras de cólera, las masas de caras desconocidas dispuestas al linchamiento en manada terminan por desaparecer como el humo del cigarrillo consumido. Después búscalas sin hallarlas. Habrán dejado solo el aroma del dolor como lo hace la paloma que cada día evacúa en tu balcón. Nunca piensan en ti, solo lo hacen en nombre de su propia necesidad. Aprovechan el partido sin importarles los jugadores. Vienen, lo hacen y dejan a tu alrededor el resultado de sus propias miserias con un epitafio que dice: “búscate la vida”. En la oscuridad del temporal recibiendo las cuchilladas del porqué. En la calma, tras la tormenta no quedan consuelos ni justificaciones que te procuran esas preguntas. Levantarte significa cambiarlas por nuevos “para qué”. ¿Para qué vas ha hacer todo lo que estás a punto de decidir que harás? Así dejas de buscar para empezar a encontrar razones con las que abandonar justificaciones y emprender oportunidades. Ellas son el único camino hacia las soluciones. Nadie puede devolver a los que se quedan en el camino. Sin embargo, los que continúan en él son los únicos que pueden hacerlo más seguro. La venganza pone en él piedras más grandes que las que nos hicieron tropezar. La proactividad en contra se da cuenta de que hay piedras y quita las que encuentra en adelante. Y a todo esto se llega observando en silencio, estando sin estar, para celebrar contigo que lo imposible se hace posible de una manera tan simple e inesperada como sorprendente. El dolor, incluso el interminable termina con un halo de felicidad. No esperes su llegada, provócala.
09.06.2018
Cipri Pernas Coach
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Presidentes, consejeros, ministros, alcaldes o concejales se conforman como un ejército de personas enrolado en una estructura de poder tan oscura como inalcanzable puede ser el nirvana del paparazzi nuevo ministro de cultura. La jerarquía necesita de protocolos para reafirmarse y a la vez convencerse. Requiere de fórmulas que enaltezcan su contenido y significado. A la vez recuerde a todos que, como sólida pirámide, unos están arriba y otros abajo. Unos mandan y otros obedecen sin que el mandato sea directamente proporcional a la capacidad o valía del que ejerce la jefatura. Lo absoluto del compromiso ha tenido precios distintos a lo largo de la historia. En casi todas partes, o cuando menos, en aquellos lugares que consideramos “civilizados”, la falta de él dejó hace mucho de pagarse con la vida. Los juramentos ante deidades, divinidades u otros usufructos “por la gracia del Dios de turno” no se consideran modernos y solo son utilizados por aquellos nostálgicos desaparecidos que en los últimos meses afloran por todas partes como si de setas en septiembre se tratara. En los días que ahora nos ocupan la fórmula progresista para dejar ante los ojos del sistema que doblegamos discretos la rodilla es la de la promesa. Una especie de taza de achicoria para sustituir un aromático café colombiano. Corren nuevas palabras que a base de repetición se adhieren al catálogo de tu vecino, ese que es el que elige el alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde... (por poner un ejemplo de claridad). Desde el supremacismo a la xenofobia, la inmensa mayoría no tiene “ni pajolera idea” de que quieren decir estos vocablos. Aun descendiendo el nivel de dificultad el desconocimiento y la ignorancia no reducen su influencia. Pasa con palabras a priori tan sencillas como PROMETER. Un término que, desde la política, pasando por los negocios hasta llegar a las relaciones personales más básicas se usa con una alegría que es equivalente al conocimiento de un recién nacido sobre el número PI. Y no será porque las hemerotecas no dispongan de ejemplos del sobeteo al que se somete a las promesas. Desde la Tierra prometida, hasta el “puedo prometer y prometo” pasando por “Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir” para llegar al “Sí, lo prometo” han sucumbido miles de promesas a las que se les pone poca cuenta y mucho olvido a lo Alaska y Dinarama. Total, ¿a quién le importa? Solo por poner un poco más de luz a las sombras dejo aquí estas líneas. En lo que se refiere a una promesa, no está de más saber que comporta el formularla y el aceptarla. Así, como mínimo no nos llamaremos a engaño si las cosas no se producen como tú o yo en pueril inocencia esperamos. El compromiso que asume el que promete es un compromiso de palabra, donde la persona empeña su honor y dignidad. Si, llegado el momento, el individuo no cumple con su promesa, habrá perdido el crédito o el respeto ante la persona a la cual falló. Con todo, es difícil que pueda sufrir algún tipo de consecuencia legal de su incumplimiento. Todo queda en algo simbólico y en el convencimiento de que el supuesto honor del que promete es el clásico espejismo del oasis en medio del desierto. Si me apuras, todo tan normalito como previsible. Reyes, presidentes, jueces… testigos bajo anestesia de las promesas que suenan a actos de amor que como en la vida real, suelen ser mecidos y llevados por el viento a donde no los vuelves a ver jamás. Esta cruda realidad siento que se ajusta mucho más a otra frase hecha que dice: “No te puedo prometer nada…” Aunque claro, con la mano sobre la constitución de turno queda de todo menos bien. Mientras estas cosas pasan, hay algo que poco debate tiene: Un sí, lo prometo, ayer, hoy, mañana y siempre que las palabras son de todo menos inocentes. Las penas que procuran y provocan son harina de otro costal.
01.06.2018
Cipri Pernas Coach
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Estar sometido a los embates de la actualidad no es solo vivir en un estado de inquietud por las formas y contenidos de lo que pasa en el mundo. Por muy lejano que todo ello nos parezca, está dejando huella en la manera de vivir por la que optamos. Hemos añadido a nuestras vidas fuentes de información y dispositivos que sirven, entre otras cosas, para mantenernos en un estado permanente de enfado e indignación. Si las teorías de la evolución son ciertas, los humanos mutaremos a seres que perderán: primero el oído y después las orejas. Mientras, aumentarán el tamaño de sus cuerdas vocales además del de sus bocas para dar mejor salida a los decibelios de la voz. Lo físico de estos cambios no será visible para nosotros. Sin embargo, desde lo práctico de lo que sucede estoy poniéndolo en valor. Aquí, en este preciso instante. Hablamos mucho, demasiado, más de la cuenta, desde la repetición y absortos en nuestro ombligo. Lo oímos todo mientras escuchamos en la banda del poco o nada. En la mayor parte de las ocasiones interpretando interesadamente los mensajes que recibimos desde una arbitrariedad que roza lo pornográfico. La objetividad pasa por la vida como un anuncio de SIGNAL. A todos suena y a casi nadie le importa. Tanto es así que pedir explicaciones razonadas a cualquiera sobre cómo se maneja con la neutralidad de las cosas en el día a día, suena a todo menos objetivo o neutro. Animoso para pensarlo durante unos segundos más, sospecho que esta conclusión si tiene que ver con eso de la adoctrinación. Formar parte de la tribu lleva implícito convertirte en una nota armoniosa de la partitura de la organización. Cuando suenas distinto te conviertes en enemigo no por el valor de tu melodía, sino porque la canción resultante ha escapado a la batuta del director de orquesta. He aquí como en un párrafo hemos fundido dos conceptos: el de amaestrar y el del dictado que se dedican a sobar aquellos “herreros” o torcedores de la realidad a los que provocan salpullidos encontrarse cara a cara con alguien crítico que juegue a razonar las cosas. Paradojas de la vida, desde la objetividad ausente de todo juicio, estas personas han sido siempre las que han permitido el desarrollo y los avances de nuestra especie, de toda la especie. Incluida esa parte depredadora que vive de merendarse al resto. Nadie queda libre de sentir que las cosas en su mundo tiemblan. Sobrevivir en una jaula llena de leones hambrientos es una tarea complicada. Lo dijo alguien que sigue vivo en la jaula después de convencerse de que lo que parecía imposible le llevó un trabajo que le permitió hacerlo posible. Solo aquellos que se preguntan cómo lo llevan a la práctica en su vida, tienen posibilidades de conseguirlo. Los que no quieren encontrar la respuesta llamarán a esto un cuento. Sin embargo, será un cuento con final feliz para no tomárselo a broma. Y he aquí que lo que pareció un mundo en un grano de arroz se hizo real a base de cosas que ya existían en su vida y a las que no prestó atención. El despertar a ellas mejoró algunas cosas, las suficientes para que su salud mental se blindara ante la estupidez. Dedicó un tiempo a la meditación, flexibilizó la mente para que cupieran más cosas, cultivó su cuerpo mediante el deporte, rio a carcajada limpia, se cansó mucho para dormir como un bebé, eligió alimentos sanos y equilibrados, practicó la curiosidad ante lo que desconocía para saber un poco más, lo hizo también relativizando las cosas sin ideas absolutas, se comunicó mucho, todo lo que pudo, mientras aprendió y se hizo hábil en la aceptación de todo aquello que escapaba a su control. Vamos, prácticamente todo. Sin colorín colorado, este cuento ya ha comenzado.
26.05.2018
Cipri Pernas Coach
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La independencia se tiende a sentir como aspiración. En el fuero interno (aunque exista quién lo niegue) es un objetivo. ¿Recuerdas los esfuerzos de tus padres apoyándote en aquel momento en que dejaste de gatear? Es fácil haberlo olvidado por viejo o por obvio, pero su aspiración aquel día era que avanzaras por tus propios medios, que te sostuvieras, que pudieras dar por ti mismo el siguiente paso. Bueno, en aquella situación lo hicieron evidente y desde entonces cada acción, cada proyecto, cada inversión en ti se justificaba sin discursos. Todo lo necesario dentro de sus posibilidades puesto a tu servicio para que lo consiguieras. Eso, tu causa, tu razón, tu proyecto de vida, lo que te motivaba para llegar a ese estado latente de la independencia personal. Ni más ni menos que el poder hacer y deshacer por y para ti mismo con tu vida, aquí y ahora. No es un asunto de ricos y pobres. Es tan simple como mirar de frente a la vida y a los que te acompañan en el viaje haciéndoles partícipes de tus habilidades, de tu empeño, de las chispas de felicidad que provoca la combinación de todo ello. Convertir la vida en una fiesta y no en un festival. Los festivales tienen una relación estrecha con la competencia y el intentar ocupar un espacio (el que sea) no por el hecho de ocuparlo, sino por evitar que sea otro el que lo haga. Es ahí donde muchas cosas se tuercen. Cuando aparece la sombra del que se preocupa por ti mucho más de lo que se ocupa de si mismo. Sombras y nubes restan color a lo que haces dejando la escena llena de grises, de baches, de piedras y palos que se cruzan en las ruedas teniendo como única meta paralizar. Es muy triste que la labor de algunos sea esta e incluso así. El éxito propio no debería estar relacionado con el fracaso de los demás. No suena bien, pero no parece ser causa suficiente para evitarlo. Va incluso más allá cuando descubres que existen organizaciones que desarrollan herramientas, procesos e incluso idearios para evitar que el progreso ajeno sea una cuestión que escape al control de algo o de alguien que vive ubicado en un espacio superior de la razón. Utilizando una sinceridad poco habitual sirve para disfrazar lo que en realidad es su propio específico motivo. Y así se unen en comandita para que el hecho de revolverse en el fango de la mediocridad haga que las salpicaduras sean menos o se noten poco. Las manchas serán inevitables, la cuestión será transformarlas en asuntos irrelevantes que resten o minimicen el desprestigio a los que asumen mancharse las manos de esta manera. Las formas de los que se convierten en cómplices de esta actitud no se conforman con poco. El fin de multiplicarse y convencer los sitúa en lo alto de una loma en la que controlar sus rebaños. Primero han de sumar cabezas para después convencer a sus acólitos que son ellos los escogidos para liderar los sucesivos rebaños del resto de candidatos. Y es convenciendo a base de lo que sea, maximizando el uso de la mentira o el retorcimiento de la realidad sin límite. Dicen llamarse líderes mientras solo son gestores del tráfico. Un líder te alimenta para que consigas ser quién quieres ser. Te plantea retos que no sabes que puedes asumir. Te regala confianza y te demanda esfuerzo. Te desiguala el terreno para que cuando encuentres un camino llano seas el más rápido. Es alguien que te sonríe y empodera. Nunca te golpea las espinillas, ni te abre la puerta para darte con ella en los dientes al menor descuido. Si tus relaciones se parecen a algo de todo esto sospecha, pregunta y consulta. Equivócate para que en una siguiente ocasión ya no cometas el mismo error y además no desfallezcas en el esfuerzo de volver mientras con tus experiencias de curtes como el mejor forense de tus propios sucesos. La independencia es ver todas estas cosas para vivirlas con personas que sienten que merece la pena apoyar a alguien para que deje de gatear y camine por si mismo, sea un individuo, una familia, un colectivo o un país. Tomar dirección es la segunda decisión importante después de haberte levantado del suelo. Los que viven para entorpecerte pueden ralentizar el viaje, pero jamás impedirlo. Ya hemos llegado a ese peldaño en el que comprender lo que necesitamos nos deja ver también lo que ya no nos sirve. El segundo paso ya se está dando y tras él vendrán todos los necesarios hasta conseguir un horizonte mejor. No es un capricho, es consecuente con la necesidad de ser coherente con el progreso y la mejora de un mundo que nos acoge a nosotros y que espera a nuestros hijos.
19.05.2018
Cipri Pernas Coach
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Uno de los errores más comunes que cometemos con nosotros mismos es la falta de objetividad en relación con las posibilidades que nos ofrecemos para conseguir algo. Para empezar, ese algo tiene que estar en el ámbito de un verdadero deseo, que lo convierta en la seguridad de que alcanzarlo nos transformará de alguna manera en mejores. Serlo un poco más es en sí un paso para estar en esa sintonía de la mejora. Ya se sabe que cuando sintonizamos con algo o con alguien todo fluye, converge al éxito con la confianza que provoca estar haciendo lo adecuado en el momento, en el lugar y con las personas apropiadas. Ya no tengo en cuenta a aquellos que construyen objetivos en base a retos descabellados alejados del más mínimo atisbo de coherencia con una estrategia que el personaje en cuestión pueda sostener. Estos son por sistema sujetos que pretenden encontrar escusas para no empezar aquello que no desean comenzar. Se les ve de lejos. Son en esencia esos que están siempre a la espera de algún voluntario haga por ellos lo que ellos no son capaces de hacer por sí mismos y que de paso les regalen las mieles de un éxito que ni han sudado y que por lo tanto tampoco merecen. Sumergidos en esta realidad conviene entender cómo es el campo en el que vamos a jugar nuestros retos. No alcanzar su dimensión o las reglas para movernos en él nos predispone a perder el tiempo. Todo es recuperable en la vida menos eso, nuestro tiempo; un valor VIP que no podemos ni heredar ni transmitir. La materia prima en la que vamos a depositar sueños, actos y habilidades en pro del logro. Muchas de las reglas en la vida vienen impuestas por el entorno. No obstante, las que nos autoimponemos son las que tienen el mayor protagonismo en la calidad de lo que hacemos o vivimos. Realizar una ajustada interpretación de ellas permitiéndonos el ponerlas en tela de juicio son los ingredientes para conseguir primero relato y después método. Dos escenarios titulados exigencia y excelencia. El primero añejo y con más espinos que una pista americana. El segundo, suena mucho últimamente y no es por casualidad. En él siempre se abren otras puertas por muchas que algunas puedan parecer cerradas. Te exiges cuando buscas la perfección inexistente, cuando piensas que si no te ha salido has fracasado, cuando te dejas llevar por la ansiedad que eso provoca y solo ves miedo ante ti. Cuando pretendes controlarlo todo y ves que ese todo se te escapa entre los dedos. Cuando dices no. Cuando crees que siendo, haces y tildas lo que desconoces como inútil. Cuando así te sumerges en el sufrimiento y abrazas duda tras duda. Mientras esto sucede llegas solo a una culpabilidad sin explicación por la que sientes el castigo como fórmula para enjuagar sufrimiento. De ahí, solo entras en un círculo vicioso en el que te conviertes en el burro que da vueltas a la noria del “tengo que” o “debo de”. Como alternativa está la excelencia, en la que cualquier pequeño avance por insignificante que pueda parecer se llama mejora, donde de lo bueno o lo que tal vez no lo parezca, lo mejor que nos llevamos es aprendizaje. Cuando mirando así todo son posibilidades que alimentan la confianza tanto en los aciertos como en los errores. Comprendes como las cosas fluyen a su ritmo. Eso solo nos pide paciencia y perseverancia mientras decimos que si se puede. Podemos ser y sin embargo no hacer mientras asumimos que aprendemos. Somos capaces de disfrutar del detalle y mientras destruir las dudas. Ahora somos responsables y eso nos lleva a asumir lo que de nosotros depende. Solo eso. Es la manera sencilla de encontrar soluciones para ti y para todo aquel que quiera sumar. El compromiso ya no se demanda, llega él solo y en ese lugar de encuentro, se consiga lo que se consiga hallaremos con seguridad una forma de triunfo.
12.05.2018
Cipri Pernas Coach
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Son tantas las demostraciones que empieza a resultar difícil definir lo que pasa con esta gente. La saturación del discurso de la confrontación está nublando la vista. Impide ver lo que no quieren que veamos mientras nos muestran un decorado de cartón piedra. Va más allá de la incontinencia y su incapacidad para sostenerse. Nos quieren ingenuos y como tales nos tratan. La situación nos puede llevar a escenarios de violencia que vivieron nuestros abuelos y que nosotros solo alcanzamos a visualizar a través de los libros, el cine, el teatro o en este caso, mediante una definición sin dobles morales que he podido escuchar del antropólogo barcelonés Manuel Delgado Ruiz y que quiero reflejar aquí. “Hablamos de C’s como si fuera un partido normal y C’s no es un partido normal. No se puede comparar a otros partidos como el PP o el PSOE porque es otra cosa. Es algo inquietante. Es un partido hecho a base de odio, rencor y rabia. Su materia prima, la que lo anima no es la de un discurso político, ni un programa económico, ni una ideología más o menos clara. Es básicamente una fijación obsesiva y fanática contra los nacionalismos que ellos llaman”.  Es triste pero es así, para ello  inventan e inundan de maldad todo aquello que no sea su discurso de la ira. Demonizan al contrario para justificar su erradicación, sin escatimar cualquier recurso violento que después reprochan y devuelven a sus víctimas. Su razón de ser no alberga otro patrón, mientras su resquemor se incendia al encontrar en frente a personas no violentas.   “Es el partido más fanáticamente nacionalista que podíamos imaginar. En las líneas de Serbia y no va en broma. C’s nace para eso, es su foco y sentido. Tiene una cruzada  íntima, absoluta para acabar con todo”. Es un partido cargado de rechazo, por encima de cualquier otra cuestión que pueda parecer normal dentro de una discusión política. Su obcecación es acabar con su enemigo fundamental que no es otro que cualquier atisbo de identidad por integrador que pudiera llegar a ser, seguramente porque ellos son los catalizadores de todos los defectos achacables a cualquier forma de supremacismo. Son exaltados patrioteros. Haciendo un símil serían personas de color negro votando al Ku Klux Klan. No son de derechas ni de izquierdas sino todo lo contrario. Son del fin justifica cualquier medio. Son de razones tan inexistentes, absurdas e irreales que los llevan a imaginar falsos idearios que estarían al nivel de los siete reinos de Juego de Tronos. Es como la Falange, ni de aquí ni de allá, más bien de todas partes. Practican un concepto liberal vago en el que las personas y la sociedad se ubican en un segundo plano, supeditada a un concepto absoluto de la unidad sacralizada. Su papel en la política no es otro que el de mantener vivos grandes enemigos que justifiquen su hostilidad. Llámese terrorismo, nacionalismo, adoctrinación, independentismo o derecho a decidir. Sin ellos quedarían disueltos en la nada. Su figura sería la de un reactivo saboteador dispuesto a lo que sea. Esas figuras que todos conocemos son incapaces de sobrevivir fuera de un territorio hostil, belicoso que no tenga algo a lo que dirigir su capacidad de destrucción. La industria militar necesita de ejércitos pero por encima de todo necesita del odio capacitador de la guerra y de organizaciones con capacidad de generar conflictos. Este “pseudo” partido político aprovecha el desconcierto y la corrupción generalizada para extender su red. Dice que lucha contra, mientras apoya lo que dice tener en contra. Curiosa lucha la suya que se alimenta de la ignorancia de los que no emplean preguntas ni se cuestionan valores, mientras son incapaces de ser empáticos con nadie. Es la rara avis de la que se aprovecha el poder del dinero a través de fanáticos desbocados. Algunos en política han visto en ellos un recurso poderoso para obtener réditos que los acerquen al poder y al mantenimiento de privilegios. No han sopesado los costes que ello conlleva. ¿Pondrías a conducir el autobús en el que van tus hijos a un cocainómano en pleno “mono” que además sintiera hacia los niños inquina, tirria o despecho? Yo creo que no. Sin embargo, ese NO rotundo que acabas de pronunciar puede convertirse en un SI ausente de razonamiento votándoles. Esto es muy serio, más vale un “por si acaso” que un “Yo creía”.
04.05.2018
Cipri Pernas Coach
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Todo aquello que no resta está sumando. Tanto da que en este momento no sepas que utilidad puedes dar a eso que la vida ha puesto ante ti. Nuestro disco duro de los aprendizajes es ilimitado. Aportar cosas nuevas enriquece la visión que podrás aplicar en alguna nueva oportunidad. No te presiones. Ya saldrá. Cuando llegué te alegrarás por la virtud de tener maneras para manejar lo nuevo. Ciencia, cultura o simplemente capacidad de gestión. Con todo ello, se puede construir lo necesario para que de ti nazca o despierte un líder. Estamos tan necesitados de personas con talento que cualquier atisbo, rastro o pista que conduzca a las habilidades que necesitas es un camino abierto hacia el que hay que lanzarse. Tu riqueza, la que nadie podrá sustraer merece la oportunidad para incidir, perseverar creciendo. Quiero comenzar por pensar. Algo que todo el mundo dice que hace, aunque muy pocos piensan lo que dicen. Pensar es parte del equipamiento de serie de cualquier humano. Es un software que requiere de rodaje y de actualización. Es el armario de las herramientas que permiten: primero darnos la oportunidad para elegir distinto y después para seguir adelante por lo diferente con la clara intención para llegar a lo nuevo. ¿Cómo cuánto de distinto sería todo lo que nos rodea si la versatilidad de nuestros pensamientos corriera a la velocidad del regate de Messi? Pues no puedo responder a eso porque el abanico de alternativas es tan grande como apasionante el intuir lo que podemos estirar los resultados. Los ángulos obtusos que se anclan a creencias pasadas de moda. Lo antiguo, lo que no se hace preguntas, lo que no plantea retos, lo que vive en zonas de confort, lo facineroso, lo que acumula odio y rencor, lo violento, lo vengativo, la mentira y lo represivo, es la antítesis de las distintas formas de pensar que puede incluir cada persona mediante las que puede relacionarse con el mundo. Las etiquetas restan oportunidades. Tenemos primero que huir de los que las ponen y repudiar las que nosotros mismos nos imponemos por cualquier peregrina razón. Jugar con las distintas formas de pensar nos convierte en seres poliédricos. Ante una misma cuestión podemos adoptar varios roles distintos. Cada uno de ellos va a aportar una visión que permitirá la mejor de las evaluaciones posibles mientras que cambiamos de rol. Eso es fomentar el trabajo empático. La capacidad para ponerte los zapatos de los demás, ver lo cómodos o dolorosos que son sin necesitar la búsqueda de la solución. Estar en los distintos escenarios te hace llegar a múltiples opciones de respuesta. ¿Es una buena opción para eso que eres incapaz de resolver ahora? Se trata de ver la misma película desde seis prismas distintos. Ser primero el moderador de tu trabajo, el director de escena que dará paso a las distintas opciones posibles. Invitar a tu lado emocional, el que aplica la intuición y los sentimientos. Al optimista, el que da a cualquier paso posible la capacidad de triunfo. Al rol creativo que busca alternativas mientras las combina de mil formas distintas, a cual más sorprendente. Como no, también tiene que esta el pesimista, el que aporte el lado malo que cualquier situación pueda dar. Sin olvidar, por último al pragmático, el que aporta datos, hechos contrastados, el que convierte cualquier aporte en un elemento empírico, matemático calculado. Imagínatelo. Eres tú con distintos personajes, adoptando seis roles distintos dentro de ti, en un juego tanto personal como grupal para ver todos los puntos de vista posibles. Ver la calle desde el norte y el sur, desde el este al oeste, desde el cielo como si fueras un dron. Sumando, siempre sumando. Siendo todo lo que llevas dentro de ti. Adquiriendo la consciencia necesaria para que este ejercicio de auto descubrimiento te lleve a ser líder de tus decisiones mientras abres tu camino y el de otros que ahora no saben que saben. Cuanta falta nos hace. Sabemos que somos un lugar donde esta semilla puede germinar llenando de vida nuestro horizonte. Habrá que pelearlo. Primero, con uno mismo y después ante aquellos que niegan la mejora ajena. Esa que puede dejar al descubierto sus propias vergüenzas.
28.04.2018
Cipri Pernas Coach
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Sentirse avergonzado por lo que los demás hacen es una tarea sencilla e inocua. Parecida a tomarse un producto placebo con el que convencerse o engañarse para averiguar hasta que punto lo que nos pasa es algo tangible y mesurable o solo una cuestión producto de nuestra imaginación. Esa compañera que funciona liberada, capaz de hacernos grandes y al segundo siguiente de sumirnos en la mayor de las miserias. Todo vivido en ese océano de la perspectiva que va desde lo que creemos que son las cosas a lo que en realidad muestran que son. Por lo tanto, hablar de lo sinvergüenzas que son estos o aquellos lo manejamos con la destreza de un mosquetero y la arrogancia de un ignorante. En un abrir y cerrar de ojos hemos hecho trajes que van desde la madera al plomo pasando por la huella digital. Todas son situaciones de las que cuando menos yo, no conozco una manera efectiva de librarme. Lo peor de todo esto es que avergonzarse por lo ajeno comporta pocos resultados prácticos que confluyan en la senda de la solución. Tiende a convertirse en un paño caliente en el que enjuagar el dolor de la herida. La causa es simple. La vergüenza solo sirve cuando se hace visible o se experimenta en propia piel. Te das cuenta de que son las decisiones que tomas y los actos que las acompañan lo que te provoca sentirlo como algo tuyo. Así, ya es otra cosa, se pasa a vivirlo muy distinto. Empiezas por desear escapar de una sensación amarga de culpa. Solo transformando esa culpa en responsabilidad se traza el camino a un desenlace que sirva. Conlleva asumir el hacer cosas y no en esperar que los demás las hagan. Una sentencia judicial puede provocar un escándalo mayúsculo mientras acumula indignación en los medios y las calles, pero si la tormenta es solo el producto de un subidón puntual no tendrá trascendencia real. Será solo un berrinche que han sentido millones de personas que se diluirá como un terrón de azúcar en el mar. Para evitar esto se necesita sangre fría y en este país abusamos de tenerla muy caliente utilizándola o hirviéndola para cualquier cosa. Alcanzar situaciones tan dolorosas como digerir la interpretación de los hechos de San Fermín del 2016 por parte de unos jueces nos tiene que llevar a tomar decisiones que sirvan para cambiar las cosas. ¿Podemos asumir que personas supuestamente preparadas para aplicar un código penal interpreten unos hechos desde lo que ellos creen que son los hechos? Eso solo tiene un nombre y se llama prejuicio. Cuando prejuzgamos estamos siendo injustos. Si no somos especialistas en el tema con más razón que nunca estamos obligados a rodearnos de aquellos que tienen galones en esa materia específica. Esta máxima no vale solo para los jueces. Vale para todos y cada uno de nosotros. Vivimos en un país en el que alguien ha decidido pasarlo todo por el tamiz de los juzgados cuando la realidad imperturbable demuestra todos los días que las soluciones parten de la calle, de la política, del hablar poco y el escuchar mucho, del riesgo a hacer cosas diferentes, del implicarse en acciones pequeñas con capacidad de transformarse en grandes hitos. No todos somos padres o hermanos, pero si hijos de una mujer. Por lo tanto, es fácil comprender que no podemos contarles a nuestras hijas hoy que si se ven rodeadas de un animal o de una manada de ellos se tendrán que defender violentas para demostrar que no son cómplices. Si lo hacen todos sabemos que además de ser víctimas tienen muchos números para morir en el intento. Lo de “Más vale honra sin barcos que barcos sin honra” que se lo apliquen a la Armada y que vayan a nado. La gente real, la que vive, sufre y ríe tiene que tomar esa frialdad que da la perspectiva para cambiar cosas como jueces, códigos penales, sistemas políticos y organizaciones de país arcaicas. Podemos empezar por sosegarnos y medir con mucha atención que papeletas ponemos dentro de una urna. Las manadas no están solo en los lugares previstos, también caminan por tu pueblo y se paran en la calle que utilizan tus hijas para volver a casa. Todos somos responsables de lo que hacemos y más aun de no haber hecho nada cuando hemos podido intervenir ayudando a educar de una manera distinta a la que nos educaron a nosotros.
20.04.2018
Cipri Pernas Coach
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Las ciudades cobran vida cuando abren sus calles al arte, invitando a los artistas a tomarlas. Los futuros museos del mundo no estarán encerrados entre cuatro paredes. La evolución de la expresión también necesita del sol, del viento o la lluvia para llegar a los sentidos de una sociedad que dice no tener tiempo para nada que no sea acumular poder y riquezas. Una de las explosivas esencias de la cultura de la información es la de romper con lo convencional o establecido. Si los mensajes que compartimos quedan empacados en el nuevo orden de la globalidad económico social, la visión del artista no puede quedar reducida a formatos como el papel o el lienzo. El arte es móvil y busca nuevos soportes que hagan latir su corazón más allá de la sensación visual que proyecten en las personas que los ven y admiran. Cumple por los cuatro costados con la esencia del cambio, llevando a las ciudades que apuestan por postularse como plataformas de esta manera de expresión en referentes que las sacan de lo local en una clara proyección hacia la internacionalización. Si bien es cierto que las acciones de los grafiteros incontrolados generan en las calles un ambiente de suciedad y violencia visual que alcanza lo agresivo, este nuevo planteamiento para dar luz a las necesidades de comunicación aplaca los efectos negativos de esas acciones, sacando de ellas la esencia de la comunicación que es el eje argumental y la causa troncal de las personas con esa habilidad que tienen cosas que contar y ofrecer a una sociedad con ánimo de progreso y mejora. Visitar lugares recuperados de ciudades tan relevantes como por ejemplo Berlín o Viena a través de este tipo de acciones, las ayudan en su conversión y proyección, aportando a la sociedad lecturas tan fáciles como extraordinarias que nos permiten convivir con el mensaje, sin que ese mensaje altere o disturbe negativamente. La feliz noticia que hoy puedo celebrar es que esta tendencia haya llegado a mi ciudad. Pasear por el centro y encontrarme con la fachada del CAP Jaume I vestida con la obra de Lula Goce es además de una fantástica idea, una ducha de alegría, un baño de agua fresca para este espacio central de Vilanova i la Geltrú. ¿Se podría mejorar la imagen de esta ciudad si existiera una ruta potente de este tipo de instalaciones a lo largo de los diferentes barrios que la conforman? Estoy convencido de que sí. Para ello propongo a nuestros representantes políticos que profundicen en esta iniciativa para convertir esta visión en una realidad que ayude a poner el nombre de la Vila en el mapa de muchos lugares que desconocen de su existencia. Yo, como muchos de nuestros vecinos, dispongo de una fachada con posibilidades para convertirse en lienzo. A partir de esto, se trata de articular los medios para hacerlo posible. Invito a imaginar una nueva ciudad que en un futuro a medio plazo cuente con un patrimonio artístico que hace muy poco tiempo habría sido descabellado imaginarse. Lo que muchos un día llamaron imposible se convirtió en posible porque alguien que se hizo preguntas se empeñó en equivocarse e insistir lo que fue necesario hasta que lo consiguió.

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