23.02.2018
Cipri Pernas Coach
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Hace décadas que pasamos suaves sobre la idea del desprecio a lo catalán desde la piel de toro y hay que despertar ya. El asunto tiene su importancia. Para los que están viajados esta sensación les ha acompañado furtiva sin que se le prestara tiempo, ni atención. En el fondo, éramos muy conscientes de lo poco que se podía hacer al respecto en lo cotidiano. Los lugares y escenarios eran tan distantes entre sí, como afines en su contrariada opinión sobre el discurso identitario catalán. De norte a sur pasando por el centro de la geografía hispánica un: “ah sí, claro, catalán…” generando una especie de mal rollo que se terminaba por diluir a base de fútbol. Un recurso fácil para mirar de amortiguar una forma de “rechazo con matices no declarados”. El tiempo siempre es un gran aliado. En esta cuestión también. Con la acumulación exponencial de acontecimientos en los últimos meses, lo que era una sensación se ha convertido en un clamoroso grito que no deja lugar a muchas dudas. El “a por ellos” tiene un claro destino geográfico que además se prima desde trasnochadas iniciativas dirigidas por hooligans de alta dirección liberados de cometer algún tipo de delito. La patente de corso está vigente para los de la roja y gualda. Y no es una borrasca estacional, ni un grupúsculo de ultras. A esta aventura se suman desde lo más rancio de la España rural a las cosmopolitas urbes machacadas de falsos discursos incendiarios con la clara intención de aprovechar la oportunidad para arrasar separando. Los titulares desbocados duran lo que un caramelo en la puerta de un colegio. El insulto, el ataque y la agresión puestos al servicio de demostrar quién es capaz de ser más bruto. Al instante aparece una nueva noticia bajo el paraguas de los delitos de odio reales. Esos que no se están persiguiendo por el poder. Mientras, están poniendo de manifiesto sin tapujos que son parte activa de esta olimpiada del demostrar quién aborrece más y mejor a la fuente de todos los males, a lo sospechoso de ser catalán. Cada vez son más a los que toda esta cruzada les conviene. Están demasiado acostumbrados a monetizar las acciones convirtiéndolas en votos. La moral y la ética ya no son valores que ocupen puestos importantes en los idearios de nadie. Ya lo eran poco en la gente de la calle que actúa sin conciencia de su responsabilidad. Ahora, hasta los que mandan actúan como una horda sin vergüenza capaz de considerar que la ley y su rey están por encima de la sana y equilibrada convivencia de las personas. O no queremos verlo o estamos ciegos. Hemos puesto pistolas en las manos de monos asilvestrados que se sientan en escaños, ministerios y palacios gubernamentales. Gabriel García Márquez publicó la novela “Crónica de una muerte anunciada”, dejando por escrito la sensación de que la estupidez va y viene en círculos. Retorna como un cometa que viaja en su órbita indiferente a los resultados tóxicos que una vez tras otra provoca. La ingeniería del odio requiere de muy poco refuerzo docente. Su fundamento va impreso en el ADN humano y solo necesita un sutil detonante para que explote. El mercado de esos dispositivos se ha abierto como si de un melón se tratara. Mientras tanto, dan de comer con él a todos los que no necesitan de una razón de peso para hacer responsables a otros de sus propias miserias. Las ecuaciones sencillas y rápidas. Con ellas promueven aniquilar paso a paso a los que no piensan como ellos. Si entre tanto, seguimos perdiendo el tiempo en legalidades que no se van a respetar, estaremos dando espacio para que la herida que pretenden sea cada vez más grande e infecta en su recorrido hacia el colapso. Los tiempos difíciles tienen la capacidad de mostrar cómo pueden llegar otros todavía más complicados. Cuando esto ya lo sabes, no queda más remedio que sacar las uñas para luchar con todo lo que esté a tu alcance. Solo se tienen dos mejillas. Una ya la hemos puesto, la otra hay que ponerla para algo que sea útil de verdad y que no se parezca al postureo.
17.02.2018
Cipri Pernas Coach
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Para los que vociferan agraviados con tal o cual perjuicio, para los que el frio solo es cuestión de abrir el armario y cambiar de chaqueta, para los que el calor insufrible tiene la distancia que los separa del termostato del aire acondicionado, para los que el ayuno de hoy es fruto de la desidia por no bajar al mercado, para los que se sienten solos mientras practican el coleccionar amigos en su red social. Para todos y cada uno sin excepción, vengo a aclararles que si lo dicho lo viven como grandes problemas, han de saber (que sé que lo saben) que a la vuelta de la esquina encontrarán siempre a alguien capaz de convertir ese pesar en su mejor ventaja. Habrá alguien dispuesto a recoger lo que te provoca dolor de cabeza para darle una sana utilidad que no sospechabas. Le quitará el frio a los que no tienen un armario que abrir y frescor a los que el sol les cae a plomo día sí, día también. Se convertirá en la energía que les permitirá vivir una jornada más alejados de la mortal hambruna mientras sonríen al primer desconocido que se cruza en su camino sin sentir vergüenza. Es tan sencillo como económico. Siembra sonrisas y recoge amistades que incluso sin volver a ver, jamás olvidas. Mirar hacia el lado contrario de las grandes cosas es lo cómodo, lo recurrente. Hacerlo tiene la capacidad de devolverte a la casilla de salida mientras te deja varios turnos sin jugar. Allí nace de nuevo el agravio, el grito o la queja. También lo hace una vez más la oportunidad de actuar distinto para cambiar de equipo sin necesidad de incumplir ningún contrato. Llegados a ese segundo decisivo podemos revolvernos contra nuestra reiterada costumbre y apuntarnos a la estrategia que no hemos usado antes. Esa fijación por vencer al contrario tiene una alternativa esencial sobre la que podemos actuar con impacto, incluso con recursos limitados. Nos empeñamos en convertirla en transparente hasta que deja de existir por falta de visibilidad. Muchas victorias de los “rivales pequeños” no pasan por derrotar convencionalmente al poderoso si no en utilizar los recursos a su alcance para ayudarle a perder. Optimizar nuestros actos, mientras la prepotencia del poderoso nos ayuda en su ignorancia al fin que nos proponemos. Son los ciegos que no ven por no mirar. Son capaces de mostrar orgullo por estar al borde del precipicio mientras dan pasos al frente. A lo payaso sin gracia, moviéndose a un arriesgado espacio que lo convierte en un pretendido referente a lo absurdo. Quién más quién menos reconoce perfiles a los que la soberbia les pierde mientras se convierten en insignificantes por muchas competencias que registren en sus currículos. Estos acostumbrados vencedores descansan sobre la insatisfacción permanente del querer más y más sin saber ni procurar que es lo que quieren o para que lo quieren. Egocéntricos que viven recubiertos de una burbuja sólida que los mantiene lejos de sus objetivos mientras los hacen inalcanzables por la falta de definición. Corren y corren en su busca sin saber que su carrera se desarrolla justo en la dirección contraria. En su intimidad (huérfana de reflexión) se vive el desasosiego del que nunca calmará el frio, no por falta de abrigo sino por la ausencia de una puerta para acceder al armario donde lo guarda. Cada amanecer parte de la noche. En la disyuntiva de si el sol será capaz de abrirse paso a través de las nubes hemos de continuar aprovechando la luz que nos alcance. Con ella, las cosas toman color mientras se alejan del negro. Articulas distinto nuevas acciones creativas que rompan con lo que ayer no funcionó. Es como escuchar música, alguna entra solo por el oído mientras otra lo hace también por la piel. El que no haya salido no contiene el no saldrá. Ser obstinados es un motor fuerte que te lleva a subir las más empinadas cuestas. Nos vamos a olvidar de las rocas y la brea que nos lanzan desde las almenas porque de ellas nos sabemos sobreponer. Seguiremos diseñando lo que permita traspasar el muro. Si no es por arriba, será por abajo, por el medio o facilitando que el peso de su ignorancia haga que los cimientos no resistan hasta caer por sus propios medios haciéndolo a nuestro favor. No permitamos nunca que ese favor que pretendemos nuestro, se convierta en la falta de ética, respeto o diálogo que los que nos combaten practican. Les podemos parecer tontos, otra cosa muy distinta es serlo. 
11.02.2018
Cipri Pernas Coach
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A POR ELLOS... Las razones y la sinrazón de perseguir a algo o a alguien. Convertir la mejora en algo perjudicial solo por el hecho de que a unos pocos no les conviene. Afortunadamente la democracia siempre gana. Es una cuestión de tiempo.
09.02.2018
Cipri Pernas Coach
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Las cosas no suceden porque sí. Desde lo gigantesco a lo más ínfimo, todo tiene alguna agrupación de razones que confluyen en consecuencias. Tal vez por lo bajo sean muchos los que están pensando en cómo se han cruzado los hechos con las emociones. Es cierto que la emoción da mucho valor para lanzarse a las empresas más descabelladas. Solo miras a tu alrededor, te contagias de las endorfinas del vecino y “palante”. Nos emborrachamos un poco de aventura para que nuestros actos sean los que en nuestro fuero interno deseamos. Fuera del subidón inicial es seguro que no se producirían. Sin embargo, el latir acelerado del corazón y de muchos cabreos inducidos te lleva a hacer realidad cosas que no pasarían de ser un “sueño húmedo” que finaliza con el despertar en un baño de realidad. Sí, esa es la realidad que nos atropella. No es una nube baja, ni tan siquiera la bruma del amanecer. Termina por mostrarse sólida frenando al más pintado. Al final, las consecuencias del impacto son proporcionales a la velocidad y esa no la lleva la pared, la llevamos nosotros adosada a la aventura que asumimos. Todo tiene su cronología. Su importancia no se puede obviar. Me da que merece repasarla para visualizar tanto los pasos como las razones. Mientras, vamos recordando el tipo de emociones que generaron. Desde un estado autonómico nacido como las lavadoras con fecha de caducidad en la línea de montaje. Desde la imposibilidad de una actualización razonable que permitiera la operatividad de las instituciones. Desde la velada voluntad de los poderes fácticos empeñados desde el origen en impedir la descentralización del estado. Todas ellas agrupan las primeras razones y sus consecuencias. Un sofrito macerado lentamente hasta la reducción total de cualquier atisbo evolutivo a mejor. Cuando las cosas se empiezan a ahogar, las palabras aumentan su tono, no por voluntad, si por necesidad. Cuando la demanda obtiene solo un no por respuesta se convierte en algo mucho más doloroso que la propia falta de respuesta. La negación por sí misma es la espoleta que activa cualquier tipo de bomba. Estas no se duermen, terminan siempre por estallar. Y allí aparece el cabreo de la consciencia de lo que hacen, de lo que pasa, de lo que nos devuelven. Ya dejas de pedir y comienzas a tomar lo que sientes plenamente tuyo y que no es más que la simple opción a decidir sobre lo mío, sobre lo nuestro, lo que nos define como grupo, cultura y nación. A la vez, de lo que nos diferencia de los que solo saben ofrecer un no por respuesta. Para ellos te has convertido en delincuente. Abierta ya la puerta del avión, te lanzas sin tener muy claro a que distancia está el suelo y si la seguridad del paracaídas es suficiente. En la llegada se verá. Y la llegada llega. Si sobrevives, empieza una nueva senda que has de afrontar con toda la responsabilidad del universo. Lo que se tenga que hacer se hará más allá de todas las revisiones sobre las verdades o mentiras que pudieron verterse en el vuelo hacia el suelo. Ya hemos llegado. Ahora toca tomar alguna dirección que no requiere de directrices como hasta ahora, que necesita solo de estrategia. Si esa estrategia es volver a la casilla de salida del estado autonómico para recuperar las instituciones hay que tener en cuenta algunos interrogantes que pueden ser clave. ¿A qué estado autonómico queremos volver, al que no nos servía? ¿El estado autonómico al que queremos regresar, será mejor y más completo que el que teníamos? ¿El estado cambiará de actitud tras la experiencia para demostrar equivalencias con las democracias avanzadas? ¿Cómo podemos luchar contra el uso político de la justicia asumiendo que es una lucha desigual que busca destruir? Hace mucho que nos hacen la guerra, no saben hacer otra cosa. Puedo seguir haciendo preguntas sobre cualquier acto, sea propio o ajeno pero me quedo sin papel. Me recorre una extraña sensación en la que parece que pretendemos responder a cuestiones vitales con intangibles emocionales. Estamos donde estamos, tenemos en frente lo que tenemos y la realidad no da margen a tomar ni decisiones en caliente, ni tomas de conciencia que no pasen por fijar objetivos claros, realistas, posibles y a nuestro alcance. Solo cabe mucha y muy buena estrategia. Todas las guerras lo demandan, sean frías, calientes, digitales o virtuales. Concluyo: volver hacia atrás será faltarle al respeto a la dignidad de las decisiones que se tomaron por más de dos millones de personas sencillas frente a las bandas de políticos corruptos que prostituyen las instituciones y los estados a los que declaran defender. Si el que tenemos en frente ha dejado ver sus cartas, no queda otra que afrontar el hoy de una manera pragmática sin rendiciones, aplicando todos los recursos a nuestro alcance para seguir aprendiendo de los errores y empezar a sumar aciertos. Un pueblo que se reconoce, que quiere hacer cosas distintas y mejores sigue luchando por dura que sea la caída.
03.02.2018
Cipri Pernas Coach
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Entré en una taberna desconocida con un aspecto que no prometía nada bueno. Las dudas me asaltaron por todas partes. Prejuzgué en base al miedo a equivocarme. Tras degustar el café al final de la comida, pagué la cuenta expresando el fantástico trabajo realizado en cocina. El menú era exquisito y la guinda fue el placer de expresarme, de verbalizarlo dando las gracias por todo el servicio. Hace un gran día, soleado y con una temperatura que invita a realizar cualquier actividad placentera. No miré ni la previsión del tiempo, ni atendí a ningún pensamiento que pudiera apartarme de esa fantástica primera impresión. Me quedé con ella todo el día y el día me devolvió su luz para hacer la jornada más maravillosa que pudiera imaginar. La fiesta de los antiguos compañeros de clase es esta noche. Yo soy la evolución más positiva que he podido construir de aquel joven que compartió sus años de adolescencia con todos ellos. No cabe más cuestión al respecto. Viviré esta noche para sacar la esencia de los mejores recuerdos sin más aditivos. ¿Por qué estoy reflexionando sobre estas situaciones? Son… casi normales. Es tan solo agradecer. Se me olvida demasiado dar las gracias por las cosas que comparto con los demás. Cuando me las dan a mí me dibujan una sonrisa. Es fácil y se me olvida, se nos olvida. Repetir esos pequeños detalles que no exigen nada más, son capaces de sembrar lo mejor de nosotros mismos en los demás. Es tan relajante disfrutar de los buenos momentos de soledad que en ocasiones dejamos de lado los contrarios en los que con el resto del mundo somos capaces de aportar las riquezas de nuestra personalidad y un resumen cálido de las mejores habilidades con capacidad de enriquecer al resto. La ventaja de cumplir años y acumular experiencias es que nos permite aprender primero y regalar nuestros aprendizajes después, poniendo al servicio de los demás estrategias para afrontar todo tipo de adversidades, traumas y estrés. Cuando decimos orgullosos que perdonamos, pero no olvidamos, no estamos perdonando nada. De paso estamos metiendo en nuestra particular mochila una piedra pesada de cargar y cansina de transportar. La opción sin más, es lanzarla lejos de nosotros. Cuando ves un río de aguas bravas sientes una sensación especial de frescor y levedad. ¿Entiendes el significado de fluir a través de esta imagen? Si te pasa algo bueno de verdad no dudes en meterlo en la boca como si de un gran caramelo se tratara. Saborearlo para que deje su bondad en todos los rincones. Disfrutar de lo bueno que nos sucede nos hace vibrar en la mejor frecuencia posible. Nos hace mejores. ¿Tienes un objetivo? Si tu compromiso es sincero lo lograrás. Si es débil siempre estará demasiado lejos para saber cuál es el placer de sentirlo. Ser espirituales no es ser religiosos. Ser espirituales es tener la capacidad para explorar otra manera de ser nosotros mismos, para trabajar en ser mucho mejores de lo que ya sentimos que somos. Nuestro cuerpo es la caja de resonancia para construir lo que podemos hacer en esta dimensión de la existencia que denominamos vida. Cuidar la caja nos permite estar siempre dispuestos a dar de nosotros lo mejor en sincronía con lo que sentimos y pensamos mediante la proacción. Es una manera de construir. Os he contado situaciones y pensamientos concretos que suceden todos los días. Observarlas ayuda a darnos cuenta de que acercarse a la felicidad depende de lo que hacemos frente a lo que nos pasa. De lo bueno y lo malo se aprende. Aprender es también poner en práctica otras opciones distintas siendo conscientes de las maneras que empleamos. Ponerse manos a la obra nos hace mejores, nos muestra la nueva persona a la que aspiramos convertirnos. A partir de esto, ser felices nos exigirá poco más.
26.01.2018
Cipri Pernas Coach
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Me viene a la memoria una lejana y soporífera clase de Física y Química en la que se explicaba el peso específico de las cosas y de cómo cambiaba en función del lugar de la Tierra en el que nos encontráramos. Más allá de mi evidente y escasa afinidad con las ciencias exactas, el paso del tiempo y la suma de experiencias me lleva a la conclusión de que tanto las cosas como las causas son cada vez menos exactas y por lo tanto, más relativas participe o no la geografía.  Podría hacer bueno el dicho que cuenta que todo es verdad o mentira según el color del cristal con que se mira. No obstante, la maestría para retorcer ideas sencillas nos otorga el dudoso derecho a la ignorancia interesada. Llegados a esto usamos cristal o espejo como si de la misma cosa se tratara. No lo digo por herir pero si por poner a la vista una idea que sirve para mirar y ver mejor. Un cristal deja pasar la luz, el espejo la refleja. Con unos matizas, asumes o filtras la opinión. Con el otro la rebotas como cuando te ves envuelto en alguna trifulca del “y tú más”.  Es esta idea una manera rápida de contar lo que vemos, nos pasa, hacemos e incluso nos irrita. Filtramos muy poco estas actitudes. Según el interés, las usamos con alegría en el diagnóstico de lo ajeno o nos quejamos de ellas si se convierten en cataplasma que nos aplican. Son como los billetes de tren, tienen precio distinto si los compras de ida o lo haces de ida y vuelta. Mirar, cuando nos pasa (que a todos nos pasa) encontrarnos en una situación complicada, lo primero que hacemos es mirar atrás empleando el ¿Por qué? Es visceral y automático con muy pocos resultados positivos, pero lo hacemos. Si seguimos ahí y le ponemos un poco más de perspectiva para que bajen los decibelios de nuestros pensamientos, podemos cambiar la pregunta para convertirla en ¿Para qué? Aquí ya es otra cosa. Sirve para situarte en el momento en el que de verdad te puedes permitir el tomar decisiones prácticas con un verdadero baño de realidad. El análisis de lo pasado deja de ser un charco en el que llenarte de barro para convertirse en un lugar que conoces desde fuera y sobre el que decides estar o no estar. Aislarte, inhibirte e incluso alejarte. Cualquier decisión que tomas lo haces en función de lo quieres y sobre todo de lo que no quieres. Es demasiado fácil pasarnos la vida lamentándonos del daño que nos hicieron, nos hacen o incluso nos harán. Las personas que procuran esto son para mí como las imágenes de los santos: inocentes, estáticas. Con la apariencia de que ni sienten, ni padecen, pero con la vocación de utilizar el sufrimiento que solo los demás les provocan en un martirio perpetuo. Es la ola perfecta para el surfista que sabe cabalgarla y que no tiene ni idea de cómo parará el golpe cuando le caiga encima. Lo complicado es otra cosa. Es algo que suma y resuelve. No es la cura de todos los males, pero es el principio del camino. Empieza por una reflexión personal y una pregunta simple: ¿Qué responsabilidad tengo yo en esto?  Sirve para salir de los bucles que no llevan a ningún sitio, para comenzar a pensar en aquello que no hicimos y que estamos en disposición de hacer. No será lo mismo que pudo ser, pero es algo y ese algo es el principio de las cosas. Somos libres para seguir en la excusa de que los demás tienen la culpa. Eso no funciona, ya no. Enrocarte con esto solo deja ver que no existe intención de reparar y que te llevarás contigo esas miserias que dices rechazar y que son el refugio en el que te proteges. Ante todo esto, ya he dicho basta. Con todo el dolor y a la vez reconfortado en la cura del saber, ahora sí lo que no quiero y no consentiré nunca más. Esto no me parece culpable, si responsable.
19.01.2018
Cipri Pernas Coach
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Cuando ejercemos una acción “en el nombre de” soltamos sin ser conscientes parte de las riendas que conducen nuestra vida. A la vez, estamos poniendo la decisión ante a la batería de valores que nos permiten defender quien decimos ser. Frente a nosotros, el resto de personas. Ese mundo de gentes con las que convivimos e interactuamos. Ejercen como jueces y espejos valorando desde otras perspectivas todo lo que pasa. Conseguir que tus motivos y los del resto sean coincidentes es de por sí una falacia. Cada uno retiene cada escena a velocidades distintas, con lo que un sí de aceptación, puede convertirse en un no de rechazo en tiempo récord. El rol de juez está implícito en nuestra biogénesis actuando como la morfina ante el dolor. Otros son siempre canalizadores de su responsabilidad y mediante este antídoto pueden permitirse también serlo de la nuestra. En resumen, mucho trabajo que hacemos de manera automática y que se parchea mediante excusas que nos reportan el desprendernos de la responsabilidad. De la decisión final sobre lo que hacemos. Así pues, “son otros” los que pasan a marcar el destino de nuestros actos. Es que no pensamos en ello. Si lo hacemos, lo primero será sentir una sensación de desencanto. Es muy posible que en gran parte de las ocasiones lleguemos a hacerlo al aceptar una mera transacción económica. Compran nuestro tiempo para hacer lo que ellos necesitan que hagamos o que no desean hacer. Son nuestros empleadores, que a su vez también lo son de otros en una cadena interminable que se pierde en el infinito, de los que no quieren encontrar lo que tampoco se desea buscar. La excusa para llegar a estos comportamientos es convencernos de que no tenemos otra forma de sobrevivir si no es aceptando lo que otros deciden en nuestro nombre. Vivir en la creencia de que disponen de unas supuestas mayores o mejores aptitudes. Fuera de ese ámbito temporal, el vínculo de dependencias hacia las decisiones que otros toman en nuestro nombre nos acorrala voluntariamente en las zonas de confort. Estos espacios se definen mediante los roles de los que se conforman sin más. Salir de sus rutinas representa un disturbio de tal dimensión que provoca terremotos en sus planes de vida. Los que asumen este tipo de comportamiento son carne de cañón de los de antes,  los que se nutren y toman nuestras decisiones mientras pervierten mediante disfraces  mediáticos y discursos plagados de falsas retóricas. En realidad hablan solo en su propio nombre o en el de sus velados señores. La abundancia de comportamientos generalizados de obediencia se traduce mediante el concepto de la estabilidad. El resultado retroalimenta esa necesidad encubierta que las personas acomodadas en la sumisión necesitan para continuar lineales a los dictados del sistema. Mientras sus respuestas “son estables”, la voz del que decide por ti tiene vía libre para diseñar su camino paralelo. En él las realidades y los derechos son distintos. En el fondo no es más que un sistema parasitario en el que un mundo crece mediante la succión de las energías de otro que renuncia a ellas por lo cómodo que es no ser curioso y lanzarse a la posibilidad de explorar otras soluciones. Cuando esto es la costumbre, que lo es, termina por transformarse en episodios individuales de tensión y desequilibrio, de malestar interior e incluso de impotencia para afrontar la cantidad de cosas que nos pueden llegar a suceder. No es necesario que sean buenas o malas. Son envites que procura la vida que crecen o se disuelven en función de nuestra capacidad de gestión. De cómo somos capaces de ponernos cara a cara con ello, de comprometernos o no con las decisiones a tomar. Encontramos a quién se ahoga con un solo vaso mientras otros son capaces de beberse el mar. La cuestión no es el agua, sino la propia capacidad para tragarla. Educados en un sistema en el que la duda, la reflexión, el debate, la alternativa o los referentes son los ejes y herramientas a utilizar, estamos facilitando que las riendas de la decisión se sepan sujetar con fortaleza para que nadie te las robe. Que no nos quepa duda que son muchísimos los que no quieren de ninguna de las maneras que adoptemos un profundo debate interior como instrumento. Saben que si lo hacemos se convertirá en la catapulta que nos lance lejos de su poder manipulador. Lograremos capacidad de liberarnos de la etiqueta que nos cataloga como obedientes corderos.
11.01.2018
Cipri Pernas Coach
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Como animales de costumbres que somos, durante los últimos y primeros compases de cada año fijamos una cita con los propósitos. Desafortunadamente los más lo hacen con la boca llena de uva y al final se terminan por atragantar mientras se les pone cara de niño al que se le acaba de reventar el globo. Centrémonos en procurar que los flamantes propósitos no sean solo el soplo de un ángel que llegó, sopló y se marchó. Los propósitos son muchas cosas: son sueños, objetivos, metas, acciones deliberadas, materia de discursos e incluso el propio sentido de la vida. A la vez, no son nada de estas cosas si no media algo llamado voluntad que permite que todos los mecanismos necesarios para montar la puerta de salida, la pista a recorrer y la pancarta de llegada, estén ajustados como un reloj. Los partidos se ganan en la cancha. Por lo tanto, hay que tener el espacio donde jugar los propósitos con aspiraciones para conseguirlos de verdad. Estos son los más populares y a la vez los que gozan de mayor volatilidad… como el humo del tabaco. Son tan comunes como fáciles de recordar y olvidar. Les ponemos poca voluntad, claro está, salvo que tu situación personal tenga un elemento que los pueda traspasar de la lista que todos olvidan a la lista de tus asuntos vitales que marcan el ahora y tus posibilidades futuras ante la vida.  Son por votación popular los siguientes: Pasar más tiempo con la familia y los amigos, asistir al gimnasio, hacer dieta y perder peso, dejar de fumar, disfrutar de la vida, beber menos, pagar las deudas, apuntarnos a ese curso que se nos resiste, ayudar a los demás y sentir que nos organizamos mejor. ¿Te suenan?... seguro que sí. Al punto que por repetirlos cada año, forman parte de todo eso tan fantástico que no termina de encajarte nunca. Vamos, que el momento apropiado no llega. Para que el encaje se produzca hace falta que el propósito esté a tu alcance. Conozco a muchos que no saben jugar al futbol y que les gustaría fichar mañana por el primer equipo del Barça o Madrid. Dejemos de levitar para concentrarnos en esa pista que hemos construido para jugar con el propósito. Tenemos que conocerla con los ojos cerrados de la misma forma que lo hace un esquiador de slalom o un piloto de F1 trazando a ciegas cada curva a su velocidad adecuada. Humildad y cuando creas que se te acaba, más humildad. No puedes entrar en tu propósito como el elefante que lo hizo en la cacharrería. Has de escribir tu plan paso a paso, procurando que los que des sean cortos, firmes y sin prisas. Encajando esto nuevo a lo que te vas a subir en el resto de tu vida cotidiana. Solo con esto ya podemos medir tus avances fijando las sucesivas fechas de control y verificación. Necesitamos saber cómo lo estamos haciendo para cambiar sobre la marcha aquello que no sirva por otra opción mejor. Así puedes, así lo vas a conseguir, así sea lo que sea no te volverá a producir la sensación de decepción que te ha llevado este año a regresar a esa lista de propósitos tan eterna como estéril. Este año me he estrenado con un propósito muy tecnológico. He cancelado mi cuenta de Facebook. Cuando algo que haces termina por convertirse en una costumbre tediosa que además te irrita. Cuando lo que te da es lo mismo que le aporta un parque de atracciones a una sepia. Cuando a lo que aspiras es a tener amigos y no conocidos virtuales que ni sabes, ni te importa quienes son hay que dar ese paso que yo he dado este 2018. ¿Estaba a mi alcance?, si. ¿Era realista?, también. Ahora quedo con gente de carne y hueso. ¿Era específico?, del todo. ¿Lo he podido evaluar?, lo estoy haciendo y me complace. ¿Tenía fecha límite?, por supuesto, el día que le di al aceptar y puse los límites que a mí me sirven para relacionarme con el mundo. El que me aporta cosas útiles. Hacer sitio en tu vida es esencial para poder aportar lo nuevo. Lo que no sirva fuera mientras creas los huecos necesarios a lo mejor, a lo que te hace especial. Es la manera de tener la mejor vida que podemos tener. El mundo sigue adelante. No olvides preguntarte siempre si te apetece viajar con él o quedarte para siempre en la estación esperando un momento adecuado que nunca llega porque no existe.
01.01.2018
Cipri Pernas Coach
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En este momento casi todo es silencio. Ocho de la mañana del primer día del año. Mientras la mayor parte duerme (que merecido lo tiene tras su noche de exceso y celebración) otros madrugan para seguir con el sano ejercicio del hacerse preguntas. Sólo y con una pequeña pretensión: la de encontrar las definiciones que permitan argumentar en coherencia las cosas que no dejan de suceder aunque el calendario que presida tu mesa esté sin abrir. En algunos medios de comunicación se ha puesto en marcha un proceso para elegir las palabras más representativas del año pasado. Está bien, algunas son de nuevo cuño y otras recuperadas del baúl de los recuerdos. Todas encarnan hechos y situaciones relevantes para la historia que no deja de reescribirse repitiendo escenas viejas con nuevos vestuarios. El pasado como la moda va y viene para terminar por repetirse con nuevos matices. Rebatir resulta bueno cuando en la réplica se aporta algo nuevo sumando nuevas preguntas. Tampoco he tenido que correr ni rebuscar demasiado. Desde las redes sociales se captan pretendidas esencias sobre las ideas de lo que pasa y sobre todo, de lo que algunos venidos a más dicen o cuentan. Te llegan opiniones brillantes de anónimas personas que por falta de seguidores dejan una huella interesante en sus aportes pero con una falta clara de proyección. Por otro lado, una retahíla de escritos, mensajes y piuladas con el único mérito de estar condecoradas con la insignia azul. Se les da me gusta con una ligereza equivalente al poco valor del mensaje. Lo que se pretende contar es menos importante que quién dice tal o cual estupidez. Se percibe una competición para ver quién la dice más gorda evitando quedar segundo en un campeonato mundial de tontos… por tonto. Tarea complicada si tenemos en cuenta la cantidad de candidatos que cómo en cualquier proceso electoral se desnudan con el único fin de conseguir un pedacito más de la silla que aspiran calentar en los siguientes cuatro años. Repasando los nombres de unos cuantos de estos personajes me encuentro que todos ya tienen en sus sillas la forma de sus posaderas. Son veteranos y expertos trepadores. Eso sí, siempre con red o puerta giratoria al alcance de sus manos. Todos estos condicionantes son más causa que fin. De ellos parten las arengas (por llamarlas de alguna forma) que un ramillete de presidentes del panorama autonomista español parecen haber acordado en sus simultáneos mensajes de fin de año. Todos con un denominador común: un centraje obsesivo en Catalunya que les sirve tanto para un roto como para un descosido. Desde el presidente de Aragón en la más pura actuación medieval como si del mismísimo Cid Campeador se tratara en medio del botín de su cruzada reconquista, firme como un clavo en el monasterio de Sijena. Pasando por la corbata fluorescente del presidente de Extremadura (of course), hasta los ejemplos de la desterrada de Andalucía o los del gallego candidato a delfín de Rajoy que nunca fue, en plena reprimenda por la falta de “lealtad” al imperio del rojo y gualda de parte de los malvados independentistas catalanes. Sentenciando: “no debe ser recompensada” (la deslealtad, decía). Señor Feijoo, no queremos recompensas. Nos conformamos con dejar de pagar “su protección”.  ¡El Circo de la Tele!, ¿me dormí mirándola o lo soñé? No lo tengo muy claro, creo haberme perdido un trozo muy grande de la película. El mensaje parece ser: rodilla en tierra, cabeza baja, palos o palos, sumisión, sigue pagándoles sus cuentas para resultar ser más pobre el que paga que el que recibe. Fellini ocho y medio en color. Mientras tanto, todos ellos plantados ante sus cámaras para hablar de los catalanes y de lo perversos que somos. Como si ellos no tuvieran suficiente basura en sus respectivos reinos de taifas por limpiar y resolver. Pues no, resulta más sencillo convertir la vida de los demás en miseria para alimentar ese añejo odio a lo catalán. Resulta más fácil y económico fomentar la ignorancia de sus feligreses en ese persistente “a por ellos”, que ya era, siguió y seguirá siendo su mejor baza, un gran remanente de seguridad para los culos agradecidos de la gobernanza de esa ensalada ácida llamada España. A media noche tomé una única copa de cava. Sin embargo, presiento una resaca distinta que no resolveré con bicarbonato… Escribirlo es, aquí y ahora mi mejor opción para aclarar las ideas.
29.12.2017
Cipri Pernas Coach
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Los que siguen este espacio de opinión saben lo importante que es poner perspectiva a las situaciones para encontrar nuevos encuadres. Ver distinto siempre ayuda a resolver. Lo consigue con temas pequeños y estoy convencido que también con los grandes asuntos, tanto los particulares como los públicos.  Viajar es de las cosas que tienen muchas utilidades simultáneas. Algunas son buscadas y otras te encuentran a ti. Es asimismo, una palanca para ensanchar visiones y por lo tanto también para que las soluciones efectivas aparezcan dando luz en forma de nuevas ideas. Facilita que conozcas a personas que te declaran una necesidad de ti que no conocían. Aclaras sus dudas, las tuyos y además te devuelven información esencial e inesperada para construir otros planteamientos con los que afrontar problemas que te parecían eternos. Ni todo es tan terrible, ni nada tan hermoso. Las cosas están ahí, esperándonos para que con ganas las empecemos a resolver. Ahí estaba yo, congelado en un 27 de diciembre después de caminar cerca de cinco kilómetros, bordeando el Danubio a las puertas del Prater vienés (el parque de atracciones más antiguo del mundo) con la intención de hacer unas fotos del Riensenrad (la noria de la película “El Tercer Hombre”), cuando en la entrada me encuentro una especie de vivienda de madera en forma de bola en una finca de unos cien metros rodeada de alambradas y de un puesto fronterizo llamada Plaza del Antifascismo nº2. Me parece curioso, resulta que en mi tierra lo volvemos a padecer.  La primera impresión es que puede tratarse de una atracción de feria más, pero no, es algo bien distinto. Es un estado independiente dentro de la ciudad de Viena. Es la República de Kugelmugel, declarada en 1984 y nacida entre la disputa de su ideólogo, el artista E. Lipburger y el mismísimo estado austríaco que lo encarceló por negarse a pagar impuestos, editar sellos y emitir pasaportes de unos cerca de 400 ciudadanos que no viven en él (fundamentalmente porque no caben y no disponen de servicios). Hoy es una atracción turística más que forma parte de la imagen de la capital de Austria, cuna del arte, la música y la cultura europea. Desde Sissi emperatriz a los diseños vanguardistas de la Bahuaus germánica.  Quedo perplejo. ¿Cómo lo ha hecho esta gente para gestionar con tanta normalidad esto? ¿Había sedición o rebelión? ¿Qué proceso han tenido que seguir para resolverlo? ¿Cómo han sido de útiles sus experiencias anteriores para gestionarlo sin ruido, ni violencia? ¿Qué hicieron con su historia que no hemos hecho nosotros con la nuestra? ¿La paz es eso o un estado que hay que trabajar? Preguntas que intuyo tienen respuesta exenta de complicaciones. La ecuación es muy sencilla y va más allá de la pura anécdota. Lipburger fue excarcelado, la República de Kugelmugel mantenida como una riqueza más de su cultura y las capacidades de un pueblo para construir sus necesidades respetadas. Nada de todo esto es posible sin el paso previo de un país, de sus estructuras y también de sus gentes reconociendo, respetando y resarciendo a todas las víctimas de una guerra fascista de la que fueron centro. Allí no hay vencedores ni vencidos. Justo lo contrario que en este país en el que no aparece ni tan siquiera la intención de acercarse a esta idea. A la violencia no se puede recurrir más. Así de concreto, sin las tabarniadas o necedades de turno al más puro estilo españolito engominado. Por otro lado y enfocando lo mismo, es incomprensible cómo la “moderna Europa” puede sostener un país tan anacrónico como España empecinado en convertir en verdad la mentira. De llamarse democracia moderna, mientras se muestra como un estado mediocre que mantiene honores y favores hacia el modelo de fascismo que arrasó Europa con ejemplos como la Fundación Francisco Franco o el Valle de los Caídos. ¿A quiénes sirven estos? ¿Un ciudadano vienés cualquiera se podría sentir representado por tipos como Dastis o Zoido? El franquismo, sus acólitos y los tecnócratas del 78 son lobos disfrazados de cordero que pululan por las instituciones europeas dando lecciones de no se sabe bien qué. Si a los ciudadanos de a pie no nos engañan, ¿Cómo es posible que a la Europa del primer nivel sí? Ni somos tan listos, ni ellos tan tontos. De momento, aquí vamos abriendo los ojos a una mentira sostenida durante cuarenta años que como la rabia, no ha sido erradicada y que se regurgita en las gargantas de los que gritan con un más que dudoso orgullo patrio el “a por ellos”. De todo menos democrático. Además de lo escrito, me quedo con un valor a imitar. Es la prueba palpable de cómo una sociedad culta y evolucionada como la austríaca; golpeada por la anexión de la Alemania nazi y los horrores de la Segunda Guerra Mundial ha sabido sacar los mejores aprendizajes, primero reconociendo el genocidio fascista para después pedir perdón y honrar a las víctimas. Esta es la condición “sine qua non”. Lo he visto, todo pasa por aquí: clarito, meridiano, en este orden y sin excusas. Es muy bueno viajar: ves cosas sorprendentes, hermosas, imitables, inteligentes, aprendes mucho mientras compartes una taza caliente de Weihnachtspunsch (ponche de navidad) y además tienes la oportunidad de contar a las gentes de otros lugares las cosas que en realidad pasan en tu país y que a los medios de comunicación parece no interesar que traspasen las fronteras.  Ahora me quedo con las palabras de una austríaca de origen colombiano cuyo nombre no viene a cuento que quería escuchar de primera mano esto que está pasando en Catalunya y en España. Se sintió afortunada por recibir mi información y yo honrado por haber sido el instrumento para su conocimiento. Me llevo de ella la forma de gestionar la información con opinión. He aprendido que la ignorancia no es saber más o menos. Parece lo fácil, lo que por desgracia abunda. Lo irresponsable es sin más el no querer acercarte a la frontera para saber cómo les duele a los demás el dolor.  

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